Ingredientes:

  • 200g de galletas tipo María trituradas
  • 90g de mantequilla sin sal derretida
  • 1 pizca de sal
  • 0.5 cucharadita de canela en polvo
  • 500g de pulpa de mango natural (preferiblemente Ataulfo)
  • 190g de queso crema a temperatura ambiente
  • 397g de leche condensada
  • 360ml de leche evaporada muy fría
  • 15ml de jugo de limón recién exprimido
  • 21g de grenetina (gelatina sin sabor)
  • 0.5 taza de agua fría para hidratar la grenetina

Instrucciones:

  1. Pulveriza las galletas María hasta que parezcan arena de playa fina y mézclalas en un bol con la mantequilla derredita, la sal y la canela. Nota: La mantequilla debe estar tibia, no hirviendo, para no humedecer de más la galleta.
  2. Presiona la mezcla con el fondo de un vaso plano contra el molde, cubriendo paredes y base hasta que no veas huecos. Congela por 10 minutos para sellar la estructura.
  3. Licúa la pulpa de mango Ataulfo con el queso crema a temperatura ambiente, la leche condensada y el jugo de limón hasta que cambie a un color naranja pálido brillante.
  4. Hidrata la grenetina espolvoreándola sobre el agua fría; deja reposar 5 minutos y fúndela a baño María hasta que esté líquida y transparente.
  5. Añade la leche evaporada (que debe estar casi congelada) a la licuadora y procesa por solo 10 segundos hasta que veas pequeñas burbujas en la superficie.
  6. Realiza el temperado mezclando tres cucharadas del relleno con la grenetina fundida en un vaso aparte antes de regresarlo todo a la licuadora. Nota: Esto evita que el choque térmico cree grumos de gelatina.
  7. Vierte con cuidado la crema sobre la base fría, usando una espátula para nivelar la superficie hasta que quede lisa como un espejo.
  8. Refrigera el pay durante un mínimo de 4 horas. Sabrás que está listo cuando al mover el molde el centro no oscile como líquido.
  9. Decora con láminas de mango fresco justo antes de servir para mantener la frescura visual. > Consejo del Chef: Para un corte limpio de restaurante, sumerge el cuchillo en agua caliente y sécalo bien antes de cada rebanada. El calor del metal deslizará la hoja a través de la grasa del queso como si fuera mantequilla.